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 La intervención, de apenas 20 minutos, deja sin secuelas el ictus que sufrió el habitante del municipio burebano

Lara Vesga

Foto: Óscar Gutiérrez

Lo que menos esperaba un vecino de Vileña de 84 años de edad, es que ese día acabaría viajando en helicóptero. El pasado 3 de julio parecía un día normal en el municipio. Una jornada veraniega como cualquier otra. Hasta que llegó el ictus. La propia palabra lo dice. Ictus significa golpe, algo brusco que ocurre de repente. Una enfermedad que llega sin avisar y contra la que solo cabe la máxima rapidez. Desde que aparecen los primeros síntomas, cada segundo que pasa es crucial para evitar posteriores secuelas o incluso la muerte.

Fueron sus hijos quienes detectaron que no se encontraba bien. Llamaron al 112 y en apenas unos minutos llegaron a Vileña una ambulancia y una patrulla de la Guardia Civil. E inmediatamente después, un helicóptero medicalizado que le trasladó hasta el Hospital Universitario de Burgos. Desde los primeros síntomas hasta el traslado habían transcurrido tan solo 20 minutos, una diligente actuación gracias a la cual hoy se encuentra perfectamente y sin secuela alguna. Afortunadamente, lo único que ha quedado de ese ataque repentino es la historia sobre el día que un helicóptero aterrizó en Vileña y le salvó la vida.

Tanto los protagonistas de este relato como el Ayuntamiento de Vileña y sus habitantes agradecen a los equipos médicos y a la Guardia Civil su magnífica coordinación y su rápida intervención, gracias a la cual uno de sus vecinos ha logrado salir indemne.

SÍNTOMAS DEL ICTUS

Aunque el ictus es una enfermedad más frecuente a partir de los 55 años, puede manifestarse también en jóvenes e incluso en niños. Una actuación durante las dos primeras horas es clave para salvar la vida y evitar secuelas. Está demostrado que de esta forma se logra una recuperación total o con apenas consecuencias. Estos son algunos de los síntomas de la enfermedad:

·         La boca se tuerce.

·         Se pierde fuerza en el brazo y/o en la pierna.

·         Sensación de acorchamiento que afecta a la cara, brazo o pierna.

·         No se puede hablar o las palabras son incoherentes.

·         Falla la visión.

·         Mareo, inestabilidad, incapacidad de mantenerse en pie.

·         En ocasiones, intenso dolor de cabeza.

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Publicado en: Provincia
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